Bienvenido :))

Aquí os presento mi blog. Os explicaría en qué consiste pero no puedo adelantar lo que va a ser porque no lo sabré hasta que no lo sea. Sí sé que no va ser un espacio acotado (ni siquiera a las mujeres), sino abierto y donde quepa cualquier tema, forma, extensión y género; porque las mujeres, cuando van a dormir, hablan de tantas y tantas cosas… Pasen y lean!

PD: El nombre del blog no es más que un juego de palabras que me inspiró una amiga del alma; y el subtitulo es la pregunta que él (que me inspira casi todo) se hizo una noche de verano.

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El cabreo de la gente

Nos encanta alardear de nuestros derechos. Nuestros derechos (así, en negrita mejor). Nos fascina usarlos de pretexto para permitirnos cualquier movimiento o palabra y justificar nuestro mosqueo con su vulneración. Y es que la gente está cada día más tensa. Y no tiene nada que ver con la crisis porque hay tensión en general: los parados, los económicamente relajados, los que van justitos, y los más forrados. Y tampoco con la corrupción o la política. Estoy hablando de otra cosa.

Los conductores pitan porque tienen derecho a que nadie se interponga en su camino o gritan y se cabrean por cualquier mínima torpeza o imprudencia. Los ancianos se quejan de los jóvenes maleducados que no ceden el asiento en el transporte público y los jóvenes protestan del abuso de los más mayores solo por esta condición.

La gente no acostumbra a dejar salir antes de entrar, porque tienen derecho a entrar los primeros si quieren aunque para ello tengan que hacerse hueco con los codos. Mucha gente se tensa cuando tardan más de lo que está dispuesto a soportar en atenderle en la cola del banco, porque la mujer de delante no se entera de la misa, la mitad.

En general, la gente no sabe lo que es la prisa, ni caminar sin ocupar toda la acera y eso cabrea a bastantes porque la gente, así en general, tiene derecho a caminar libremente por la calle sin que nadie le moleste. Y la gente te perdona la vida cuando le dejas, por fin, pasar.

A la gente le cuesta mucho decir por favor y gracias. La gente se olvida de decir también “muy amable” cuando lo han sido, pero se rebota cuando no lo son, porque tienen derecho a que le traten bien.

Al final, es lo que pasa. Nos delatamos a nosotros mismos en nuestros más burdos complejos. Un país y una gente que tiene claros cuáles son sus derechos no necesita estar reafirmándose todo el tiempo. Es más: un país y una gente que tiene claros cuáles son sus derechos, pone más empeño en cumplir sus deberes.

Por cierto, a partir de ahora escribiré, si todo va bien, cada quince días. Y espero que os parezca bien porque tengo derecho a escribir cuando me salga de.

Lo que no puede fracasar.

No alcanzo a entender lo que está pasando en esta realidad confusa y desbaratada. Me encuentro perpleja y desconcertada viendo la televisión, leyendo la prensa, con los pensamientos agitados y la calma intranquila, a ratos enrabietada.

Nunca, jamás, imaginé que Canal 9 (ahora “nou”) fuera a liquidarse, y mucho menos de esta manera. No voy a hablar aquí de la deplorable gestión de la televisión pública valenciana, de la utilización tan vil a la que la han sometido personajillos que ahora mismo pasean tranquilamente ignorando lo que pesan sus conciencias, de las familias en paro, de los tejemanejes ilegales que corretean por los despachos de los peces gordos y corruptos a espaldas de profesionales que sólo querían trabajar para vivir dignamente, de la más lamentable manipulación informativa. Ya está todo dicho, aunque aún habrá de salir más porquería de los sumideros.

Quizá me (nos) hace falta la perspectiva del tiempo para comprender, pero no dudo que para cuando ésta llega siempre es demasiado tarde para actuar acertadamente. Qué contarán los profesores del futuro que pasó un 5 de noviembre de 2013 cuando se hablaba de atentado a la democracia, a la libertad de expresión, a la cultura, a la lengua valenciana.

Sí conozco la solución, y no es mágica, aunque a veces parezca un milagro. Es tan sencillo como hacer las cosas bien. Sé dos cosas: por un lado, que el fracaso más grande sería que este ímpetu y entereza que nos sale a todos para defendernos de la injusticia de quién abusa se diluyera en el tiempo, se intoxicara de aquellos que están resignados porque “es lo que hay”, se politizase o se mezclara con otras reivindicaciones particulares que nada tienen que ver con el tema y que siempre aprovechan para colarse entre la queja compartida y consensuada.

Por otro lado, sé que con este miedo y esta pena que te congela las ideas no se sale adelante, y que algún día había que despertar y dar con el puño en la mesa. Que el mar, señores, son gotas de agua; y que ha llegado el momento. No importa que sea más tarde.

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Tenemos

Tenemos una colección infinita de miradas metidas dentro de una montaña de pipas con sabor a risa; rodeados de palabras, gestos y mantas; y tantos fragmentos de la vida del otro.

Tenemos el asombro, la ilusión, y la paciencia almacenados en suspiros, sonrisas y lágrimas.

Tenemos claro que mirar en el interior nunca fue tan verdad desde que nuestras pupilas se encontraron, y que allí al fondo, en ese abismo dulce y negro, siempre se puede charlar.

Tenemos varios cajones con reflexiones, frases de ánimo y batallas ganadas.

Tenemos la evidencia de que si me abrazas, pocas cosas malas pueden pasar, y que sufrir nunca ha sido un problema cuando lloran contigo.

Tenemos unas cuantas carcajadas y bastantes caricias todavía en la espalda.

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Tenemos nuestro día a día resumido en pequeños ratos durante la semana, guardados para siempre en los bolsillos de la memoria.

Tenemos la amistad y momentos que, por buenos o malos, no parecen reales.

Tenemos noches encajados como piezas de puzzle, con los pulmones llenos, y la mente, y la vida.

Tenemos algunas guerras entre las sábanas, cuando las carcajadas nos hacen dudar si pelear o simplemente dejarnos ganar.

Tenemos tres o cuatro gritos que el viento ya se ha llevado, varios cuadernos repletos de complicidades y unas cuantas lecciones aprendidas archivadas.

Tenemos la certeza de que las preocupaciones pesan menos cuando se comparten, y que no nos importa que la mochila pese un poco más si así podemos andar de la mano.

Tenemos horas metidas en el congelador, fuera de tiempo, tan lejos de envejecer y morir…

Toda la vida por delante.

Pechos y pocas palabras.

La organización feminista FEMEN logra espacio en los medios de comunicación tras dos o tres manifestaciones de protesta. En la última, tres componentes de este grupo irrumpieron en el Congreso de los Diputados para declarar su desacuerdo con la nueva propuesta de ley sobre el aborto.

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Parto de que soy mujer, de que esta ley no me gusta, y de que hay cosas sagradas, pero el aborto, no. Parto, también, de que hay ciertos temas en la actualidad que “pasan por encima” de ese respeto a las instituciones (y estoy pensando en los desahucios) con el que los criticados se llenan la boca cada vez que hay una manifestación. Y parto de que aún queda mucho camino por recorrer para lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el mundo.

Sin embargo, resulta chocante que una de las metas que se establece la primera chispa de movimiento originado en Ucrania contra el turismo sexual y la trata de blancas sea la de “desarrollar el liderazgo, cualidades intelectuales y morales de las mujeres jóvenes en Ucrania” y ahora también en Polonia, Suiza, Israel, Brasil, Francia, Alemania, México y España. Y lo hacen utilizando sus pechos para crear tensión. Resulta, cuando menos, paradójico que reclamen que el cuerpo de la mujer deje de ser un instrumento luchando por ello haciendo lo mismo. Usando el cuerpo de la mujer como arma. ¿El cuerpo se usa?

Como mujer, esto no me conmueve. Ni me hace reaccionar. No me llega, me violenta. Otras formas de expresión impactan más y se recuerdan. Esta, en concreto, violenta a quién la presencia, y sólo resuena, en mi opinión, porque es mediático, y es morboso.

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Si pincháis aquí podéis ver la entrevista a Lara Alcázar, la líder de FEMEN España en Telecinco. En esta entrevista para televisión veo a una joven movida por pasiones, algo inmadura, con poco aplomo e incapaz de desarrollar argumentos firmes que defiendan su causa.

Y no me sirve que grite, se desnude y cree crispación si no es capaz de convencerme.

(Herman Tertsch y Pilar Rahola, en la entrevista, merecen mención a parte; pero no será hoy)

*Incorporo aquí un párrafo que he escrito en respuesta a un comentario y que me parece que completa lo que quiero decir:

Es una incongruencia luchar por la igualdad de reconocimiento intelectual, profesional o personal a través del físico. Es como luchar por la paz a través de la violencia (salvando las distancias). Justifican el uso de sus pechos como estandarte con el hecho de que es la única manera de que la escuchen. Yo no creo que sea la única forma de luchar, pero, ahora que han logrado espacio en los medios siendo escuchadas y no solo miradas, hacen una bazofia de entrevista más caracterizada por el “rebota, rebota, que en tu culo explota” que por un discurso argumentado, maduro y sereno que realmente sustente su tesis de la igualdad intelectual, profesional y personal de sexos por la que luchan.

Fuera posible, acaso.

Fuera posible, acaso; que nosotros no hubiéramos sido así; ni quizá encontrarnos entre los obstáculos de tantas vidas opuestas y paralelas, o en los cruces, y las esquinas; pero también perdernos dentro del otro, no llegar al fondo, no poder respirar su aire y resbalar entre los dedos.

Fuera posible, acaso; despertar un día y ver tu perfil al contraluz de un sol que acostumbra a salir demasiado pronto y que acaba, brusca e injustamente, filtrando el tiempo.

Bernd+Meiseberg

Relaxing orgullo

No pensaba dedicarle una línea más al relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor. Pero he cambiado de opinión. A los que no hayáis cerrado ya la pestaña del blog os doy las gracias. A los que sí, les diría que lo comprendo por lo saturado del temita. Sin embargo, tras leer la entrevista a Terrence Burns (que podéis y debéis leer aquí, al menos por encima), el autor del discurso, y artífice de (casi)todo lo que lo envolvió; y, tras la calma que ha dejado la tormenta in Plaza Mayor, conviene aclarar algunas cosas.

Burns le quita importancia al revuelo apuntando que nadie en Buenos Aires se sorprendió de (y esto que viene lo digo yo) una pronunciación inglesa muy primitiva, una entonación demasiado informal y pueril, un contenido bastante insustancial y en definitiva un conjunto muy deficiente en el discurso de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, para lo que realmente es y representa España. Hagamos un paralelismo y pensemos si el ex presidente italiano, Silvio Berlusconi, hubiera hecho una de las suyas. ¿Después de reírnos un poco, realmente nos habría sorprendido? No. (En este vídeo de El Intermedio podéis observar que se trata con normalidad que Il Cavaliere llame a un programa de televisión llamado El Infiel).

Mi conclusión es que quizá nuestro (o “su”, si lo preferís) discurso no sorprendió porque allá fuera es cómo nos ven y hemos hecho justo lo que el resto del mundo esperaba que hiciéramos.  Y nosotros, después de todo, acabamos de darnos cuenta. Nos ha dolido tanto que así sea, que hemos organizado un follón para recriminar a los representantes políticos una imagen que nos avergüenza. Y que, en parte, siento decir que nos hemos ganado a pulso.

Y la prueba para demostrar que, a parte de sufrir el ridículo de Ana Botella, nos lo estamos mereciendo y que hay que empezar a dejar de echar balones fuera, es lo que ha pasado después del dichoso discursito:  el relaxing cup está estupendo para pasar fotos por Whatsapp, para poner en los carteles de los bares y para hacer eso que es muy sano y que a los españoles nos encanta: reírnos de nosotros mismos. Pero creo que ya es hora de alimentar el amor propio y la dignidad ,y a darle bombo (que no lo hemos hecho) a lo que de verdad queremos que el resto del mundo entienda por España.

Este es el discurso de Pau Gasol en Buenos Aires, que hasta tres semanas después de tener lugar, no ha caído en mis manos y de cuya popularidad me hubiese sentido orgullosa. Mucho más orgullosa.